Debiste ser poeta, –le dije mirándolo a los ojos– antes eras
bueno y creo que hoy podrías ser mejor, claro, siempre y cuando tú te lo
propongas…
Tal vez, no lo sé –respondió sin mirarme, como si sus
pensamientos lo sacaran de este mundo otra vez, como solía ser muy a menudo
últimamente–. Las oportunidades se
presentan una sola vez en la vida, y si no las aprovechas estas jamás regresan…
deberías de saberlo mejor que yo.
¿Mejor que tú? –le dije con una
sonrisa esperando que también sonriera– No lo creo mi amigo, tú y yo hemos
aprendido prácticamente a la par, solo que uno siempre ha visto las cosas más
claras que el otro… –Dejó de mirarme, y ya no me dijo palabra alguna en lo que
quedaba del día.